La lentitud pensada (Estufa de butano II)

ScreenShot_20190516201315Soy un forajido de todo aquello que se determina como ajeno, disparo palabras contra el muro de los días y convierto a esta realidad en algo propio. Me gusta la candidez de lo sencillo, cada día es un ente en el que realzarse y dejar huella: esto que lees es solo un intento. Bienvenidos a estufa de butano.

JUAN FRANCISCO FERNÁNDEZ DE GEA

La mano de Máximo acaricia con la suavidad de la ternura el dorado trigo de un campo añorado, donde la felicidad era real y la distancia era solo una palabra que poner en la boca de los otros. Los poemas suelen leerse con esta templanza del alma, como si uno quisiese saborear cada verso colocando en el paladar de la memoria las palabras que se han volcado en la hoja.

El poeta y el director de cine saben que su espectador no está acostumbrado a que algo funcione a un ritmo más lento de lo normal, todo lo contrario, si algo conoce el artista – y el periodista, que se enfrenta a la misma realidad – es la actitud imperante de la inmediatez en la actualidad del mundo. Es por eso que el artista se separa y se busca, se observa detenidamente, sin acciones precipitadas, sin los espasmos erróneos de la prisa; es en ese momento cuando distancia el verso para ofrecer ritmo al poema o alarga la escena para dar constancia de un hecho, de un sentimiento determinado y en todas estas cosas vemos la lentitud pensada.

Algunas veces lo que se busca en esos espacios de tiempo reflexivos es la pureza y la virtud, Soterrino sabe, por ejemplo, que su ritmo fluye a través de la fotografía, de el diálogo bien estructurado, de una banda sonora que hace de La gran Belleza una de las obras maestras del cine. Cabe entonces mirar con detenimiento y ver que las escenas no tienen prisa por transcurrir, que cada entorno, cada personaje y cada expresión están filmados con una lentitud poco común; el maestro nos ha engañado, nos ha dejado boquiabiertos y desnudos ante la belleza , nos ha conducido con su propio pulso casi sin que nos demos cuenta.

 

Como en todo, en otras ocasiones, también se busca la transmisión de la crueldad, si Haneke no hubiese filmado aquella escena de Funny Games (la del 97, siempre la del 97, por favor) en la que durante varios minutos nos obliga a ver el angustioso llanto de unos padres (spoiler) llorando la muerte de su hijo (fin del spoiler) , si el ritmo de la película, en definitiva, hubiese sido más acelerado, no habría arrancado de cuajo parte de nuestra consciencia sobre el ser humano. En Ensayo sobre la ceguera José Saramago también daba cuenta del horror, su estilo omisión de los nombres y su estilo ensayístico no solo nos transmitían unos personajes alejados de la humanidad, también da una lectura más lenta para que su mundo nos duela tanto como a sus personajes.

La belleza y el horror comparten entonces un mismo espacio: Aquel que corresponden a emocionar el alma. En su pasión por desbordar lo que tocan saben detenerse en el momento exacto, dando el ritmo perfecto para que el espectador este obligado a sucumbir ante lo que tiene delante. Puede que se pierda poco a poco, que acabe desapareciendo esta manera de contar una historia, pero al menos habrá almas que conozcan la emoción otorgada a través de la lentitud.

 

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